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Pablo Lafuente

Concreta 16 / Desde otras palabras

Para los Kaingang, synuin es algo bonito, es decir, algo que puede percibirse como bonito por la persona que lo recibe. Dzeeka en Baniwa se refiere a saber hacer, a algo que alguien puede hacer como resultado de una evolución de saber, aprendido de los más ancianos y que solo puede ser hecho por humanos. Ziapohaw, para los Guajajara, identifica el acto de hacer, provocar, crear, resolver. Mevi-revosh-showima-awe en Marubo es un trabajo hecho con la punta de los dedos. Yaimyxop, para los Tikmu’um o Maxakali, es un esfuerzo estético que produce eventos espirituales, constituidos por música y cantos, y con la presencia de personas-espíritu. Tembiapo, en Guaraní, es una práctica de hacer conectada con el arte y la memoria.

A veces no hay palabras para una práctica, porque esa práctica no existe, o no lo hace del mismo modo. Puede materializarse de modos similares a otra con ese nombre, hasta puede parecer que, por un momento, es la misma práctica.

Sin embargo, si la acompañamos durante el tiempo suficiente, o la consideramos en su complejidad, en su alcance e implicaciones, ese encuentro puede parecer apenas una coincidencia o, simplemente, irrelevante. Pero aún así, insistimos…

La palabra arte es persistente, sorprendentemente efectiva en su habilidad de atraer la atención, afectar procesos y motivar agencias. También en provocar irritación y hastío, principalmente por su obcecada voluntad de expansión, su espíritu colonial de crecimiento e incorporación.

En tiempos recientes, el arte y su sistema en Brasil volvieron su atención a los pueblos indígenas y sus producciones. No tanto a sus realidades o preocupaciones, sus demandas o incomodidades, sino a los objetos e imágenes que algunos de ellos producen, así como a ciertas narrativas y valores que su presencia evoca e invoca. «Arte indígena» se convirtió en un asunto, seguido, lentamente al comienzo, por «artistas indígenas» y, aún hoy incipientemente, «curadores indígenas». Ocupaciones y preocupaciones necesarias, deseadas e inevitables, que revelan un encuentro que puede ser celebrado, pero que no debe ser tomado como resuelto o definitivo.

Este número de Concreta intenta acercarse a algunos puntos de ese encuentro y, aún con mayor énfasis, caminar hacia otros lugares en los que las trayectorias se bifurcan y apuntan a un exceso: un exceso que es tan, o más relevante, que los encuentros. Para traer aquí esos acercamientos, invitamos a personas que los realizan profesional y vitalmente en diferentes territorios de América Latina y España. La mayoría en Brasil, el territorio en el que vivo hace aproximadamente ocho años, pero también en Bolivia, Chile, México y Guatemala: países en los que un proceso colonial de más de quinientos años no consiguió eliminar impulsos y prácticas de creación y recreación tan o más persistentes que esa palabra con la que comenzamos.

Desde plataformas institucionales o de gestión autónoma, desde posiciones colectivas o aproximaciones individuales alimentadas por la tradición, indígenas y no indígenas, las personas que contribuyen a este número muestran en su trabajo y vida voluntad de contacto, sin necesidad de suponer una autonomía que salvaguarde la práctica. Es difícil ofrecer una síntesis, tal vez porque no se trata de llegar a un común sino a una abertura. Tal vez el único común posible aquí sea una pregunta que sirva de comienzo, que fuerce un ejercicio, que demande una reflexión con consecuencias sobre las estructuras: para que ese contacto acontezca de una manera que el arte y sus sistemas no subsuman, agoten o desanimen las prácticas que procura encontrar. ¿Qué debería cambiar en ese sistema? ¿Qué métodos, palabras, suposiciones, actitudes y deseos precisan mudar para que el encuentro no sea, de nuevo, abusivo y violento, para que no sirva solo a una parte?

Las historias, imágenes, narraciones y perspectivas que siguen no son instrucciones. Sin embargo, contienen herramientas y ejemplos, impulsos y visiones que nos apuntan hacia algunas respuestas.

 

Pablo Lafuente (Santurtzi, 1976). Escritor, editor y comisario de arte que vive en Río de Janeiro. Fue cocurador da 31a Bienal de São Paulo (2014), del proyecto de investigación y exposición Zarigüeya / Alabado Contemporáneo (Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado, Quito, 2015-20), de las exposiciones Dja Guata Porã : Rio de Janeiro Indígena (Museu de Arte do Rio, Río de Janeiro, 2017-18) y Sawé : Liderança Indígena e a Luta pelo Território (Sesc Ipiranga, São Paulo, programada para 2021). Fue coordinador del Programa CCBB Educativo en el CCBB, Rio de Janeiro (2018-20) y, desde septiembre de 2020 es director artístico del Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro (MAM Rio) junto con Keyna Eleison.

 

Idioma: Español
Páginas: 338
ISSN:2254-9757
Tamaño: 230 x 150 mm
Edición: 1500 copias
Año: 2020

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Lost Dad presents

Daddy Issues #2 – The Issues With Art Education

Dimensions
14.8 x 21 cm
Edition
50
Pages
64
Language
English
Printing
Digital - Full color
Editors
Daniel Ordoñes Muños & Léo Ravy
Contributors
Anna Laederach, Christopher Lawrence, David Haack Monberg, Jeroen Kortekaas, Jean-François Peschot, Pierre Bujeau, Quentin Dupuy, Rachele Monti, Sara Daniel, Sun Chang, Tom Kemp, Tomasz Skibicki, Walter Götsch
Design
Léo Ravy

“Daddy Issues #2 – This Issues With Art Education” tells the tales of the year of the swan – a group of participants of the Dirty Art Department, a masters program hosted by the Sandberg Instituut in Amsterdam (NL).

As part of our masters program, we left Amsterdam by plane to Bari, and travelled in descending order of technology—by boat from Bari to Patras, by public transport from Patras to Delphi and by foot from Delphi to Athens before settling down for 2 months in the Greek capital.

In this publication, we share collective thoughts about our individual learning experiences as art students, reflecting on course structure, ideology and nomadism and collectivity as pedagogical methods.

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“Daddy Issues #2 – This Issues With Art Education” recoge las historias del año del cisne- un grupo de participantes del Dirty Art Department, programa de estudios de máster del Sandberg Instituut en Ámsterdam (NL).

Como parte de este programa dejamos Ámsterdam a bordo de un avión camino a Bari y desde allí seguimos viajando en orden tecnológico descendiente–en barco de Bari a Patras, en transporte público de Patras a Delfos, a pie de Delfos a Atenas –para finalmente asentarnos durante dos meses en la capital griega.

En esta publicación pensamos de manera colectiva en cada una de nuestras experiencias de aprendizaje individuales como estudiantes de arte, reflexionando acerca de la estructura e ideología de nuestros estudios así como en el nomadismo y lo colectivo como métodos pedagógicos.